1 º
Jon, Rahm

-20

2 º
Tony, Finau

-16

3 º
Justin, Rose

-15

4 º
Henrik, Stenson

-14

5T º
Patrick, Cantlay

-13

5T º
Rickie, Fowler

-13

7 º
Dustin, Johnson

-12

8T º
Alex, Noren

-11

8T º
Gary, Woodland

-11

8T º
Xander, Schauffele

-11

11 º
Patrick, Reed

-10

12T º
Bryson, DeChambeau

-8

12T º
Bubba, Watson

-8

12T º
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-8

15 º
Keegan, Bradley

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-5

17 º
Tiger, Woods

-1

18 º
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PGA Tour

Carlos III

Octubre 30, 2018, 10:45 pm

Por Fernando Garza (@fergarzagolf)

El número 3 tiene un significado especial en mi vida, y al parecer no soy el único. Para mí, el 3 ha significado una parte de mi esencia. Al ser Fernando, hace muchos años al iniciarme en el mundo digital / Internet / Redes Sociales decidí volcar la E por un 3 y así quedé “bautizado” por segunda vez: F3rnando. Después vinieron (como siempre) los apodos y en general, las apócopes. F3r, F3 o F. Es decir, cada vez me llamo menos.

Al término de esta semana pasada, y viendo lo sucedido en nuestro hermoso mundo del golf, me pregunté si con alguien podría compartir esta característica de mi nombre y/o personalidad alrededor de un número. Y, para no variar, encontré un caso que me dejó perplejo (y emocionado por el futuro).

Carlos, del que te quiero hablar en primera instancia, fue el tercer hijo de un matrimonio inmerso en el poder. Sí, eran otras épocas, pero nacer entre tronos y territorios marcó la vida de Carlos como lo hizo con sus demás familiares.

Con medios hermanos dentro de la ecuación también, “el tiempo” de Carlos tendría que esperar. Creció así hasta que las circunstancias hicieron que tomara las riendas de pueblos enteros, dedicándose a su verdadera pasión desde los 15 años.

Con esa pasión pasó por Parma, Nápoles y Sicilia. Eran tiempos en los que la distancia entre pueblos representaba un verdadero tema de conversación, pero sabía que su crecimiento inicial en su carrera debería ser fuera de casa. Lo asumió y buscó 3 cosas: 1) velar por los intereses del futuro de la dinastía a la que pertenecía; 2) aprender a manejar situaciones fuera de su zona de confort; 3) perfeccionar idiomas y competencias que le permitirían regresar aún más fuerte a casa.

Carlos lo logró. Unificó y fortaleció la presencia de su país en aquellos reinos lejanos. Aprendió de su gente y se rodeó de personas en las que podía confiar. A los 22 años se casó con María Amalia (de 14 años!) y si bien las respectivas familias fueron las que definieron cuándo y con quién, el matrimonio resultó ser exitoso y clave para la estabilidad de ambos.

Después de un tiempo fuera, Carlos regresó como rey. Lo hizo por más de 25 años, hasta que la muerte lo privó de seguir sirviendo a su patria. Llegó al trono por merecimiento propio y habiendo luchado, aprendido y demostrado sus cualidades en diferentes situaciones en los que la vida lo probó. La probabilidad de que llegara hasta ahí no era muy grande (era el tercero en línea para la sucesión), pero la paciencia lo premió.

Hay diversidad de historias en el mundo de los reyes, pero particularmente la que relato en estas líneas, la de Carlos III de España (1716-1788), me pareció fascinante.

Carlos, del que te quiero hablar en segunda instancia, es el primer hijo de tres de un matrimonio feliz y profundamente ligado al golf. Se crío en una familia en la que el poder ser y hacer, emanaba de los valores. Había que tener claro, desde pequeños, que si se quería algo en la vida, había que ir por ello y llevar los procesos correctos (¿coincidencia con el de España?).

Carlos, amante de los deportes, mostró interés (como todo niño) en diversas disciplinas, hasta que llegó el momento en el que él mismo se dio cuenta que el golf lo desafiaba de manera especial y que para este deporte se notaba que tenía una habilidad interesante que le interesaba aplicar, desarrollar y poner a prueba.
Llegó “la edad de las decisiones” (aunque éstas se deben tomar en todas las etapas de la vida) y Carlos se decantó por North Texas. No se equivocó. Instalaciones, equipo, compañeros, la ciudad, todo desarrollado para viajar fácilmente (Dallas). No quiero decir que todo haya sido color de rosa en esa experiencia, pero el haberse ido fuera de su zona de confort a buscar y aprender culturas distintas fue clave para obtener competencias que quizás no hubiera descubierto o desarrollado en la comodidad.

Torneos, experiencias internacionales con los equipos representativos de México y un gran compañerismo dentro del equipo de la escuela (incluido su gran amigo Rodolfo Cazaubón) fueron determinantes para que la etapa de Carlos antes y durante la universidad le dejara claro internamente que el talento y las posibilidades de competir al máximo nivel las tenía, y que solo era cuestión de que las cosas comenzaran a ordenarse, tan pronto se graduara.

Y así llegó la decisión de hacerse profesional, en 2013, y de competir después en la escuela clasificatoria del Web.com Tour, algo que sin duda le cambió la vida. Con un Top 15 ganó su tarjeta para la temporada 2014. Un pronto éxito (y lo que ello conlleva en cuanto a la madurez necesaria) en la Q-School le permitió comenzar a competir en la antesala del PGA Tour, en el que muchos jugadores consideran el de mayor nivel por la cantidad de birdies que hay que embocar para ganar torneos.

Otro éxito llegó pronto: su primer triunfo en el Web.com Tour (en Panamá) y también con él, la madurez necesaria para comprender que el golf es de rachas, de evitar grandes errores, de consistencia. No hay un deporte que sea más duro y cruel con grandes jugadores en el sentido de que de pronto puede “desaparecer” tu juego y así llevarte a un pozo profundo de donde se requiere esfuerzo y paciencia para poder salir. Carlos entendió que debía ir tiro por tiro y aprovechar ese buen juego mostrado y acompañó ese triunfo con otro, muy rápido (¡y en México!) dándole el boleto al PGA Tour para la temporada 2015.

Con el premio de “Jugador del Año” del Web.com Tour, Carlos llegó al PGA Tour por la puerta grande, con grandes expectativas que, a mi parecer en esa primera temporada, se cumplieron. Buenos resultados (incluido un Top 10 en Mayakoba) permitieron a Carlos clasificar a los playoffs, mantener su tarjeta para 2016 y seguir pensando en subir sus expectativas en el tour.

Acá vino después una gran lección para Carlos que lo empapó de humildad y le recordó lo importante de ir paso a paso sin dar nada por sentado. Después de un duro 2016, Carlos pierde su tarjeta del PGA Tour y regresa al Web.com Tour. Un descenso que no era deseado, pero que el tiempo el mostró que quizás “era necesario” después de dos temporadas en el máximo circuito del mundo. En el Web.com Tour se mantuvo en 2017 y en este 2018 inició con una fuerza impresionante… como rey que busca avasallar un territorio.

Sin dejar ninguna duda en el camino, Carlos empezó con extraordinarios resultados en Bahamas y eso le permitió “controlar” su destino el resto de la campaña. Gracias a su consistencia, el regreso al PGA Tour era una cuestión de tiempo. Así fue como se ganó el derecho a disputar su tercera temporada en el máximo circuito del orbe.

¿Y cómo inició Carlos esta tercera aventura en el PGA Tour? Con un espectacular tercer lugar, obviamente. ¡Qué gran número, qué gran semana y qué gran actuación!

Este Top 3 en el Sanderson Farms Championship le permite a Carlos ir más tranquilo por la temporada con la confianza inquebrantable de pertenecer y competir de igual a igual contra todo el talento que se reúne semana tras semana para despedazar los campos que se les presentan.

No sé ustedes, pero a mí me gusta más este Carlos III: el mexicano, el de Guadalajara, el que como rey ya vio, aprendió y venció. El que se rodeó de los consejeros correctos, el que está dispuesto a terminar con cualquier obstáculo que se ponga en su camino, con tal de mantenerse firme en el territorio al que pertenece, el PGA Tour.

Su pasado, sus experiencias y una familia que lo mantiene firme en sus convicciones, con humildad y apertura, lo tiene inmerso en un estado de tranquilidad y equilibrio. Un talento bárbaro, un matrimonio feliz, y una hija que será la heredera de no sabemos cuántos triunfos más.

Todo es parte de lo que es Carlos hoy y de lo que está por vivir. Tengo la sensación de que pronto tendremos que re-bautizarlo:

Será Carlos I.

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