1 º
Jon, Rahm

-20

2 º
Tony, Finau

-16

3 º
Justin, Rose

-15

4 º
Henrik, Stenson

-14

5T º
Patrick, Cantlay

-13

5T º
Rickie, Fowler

-13

7 º
Dustin, Johnson

-12

8T º
Alex, Noren

-11

8T º
Gary, Woodland

-11

8T º
Xander, Schauffele

-11

11 º
Patrick, Reed

-10

12T º
Bryson, DeChambeau

-8

12T º
Bubba, Watson

-8

12T º
Justin, Thomas

-8

15 º
Keegan, Bradley

-6

16 º
Jason, Day

-5

17 º
Tiger, Woods

-1

18 º
Hideki, Matsuyama

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Open Championship

Pasado, Presente… y Futuro

Julio 17, 2018, 11:00 pm

Por Fernando Garza (@fergarzagolf)

Siempre me causó fascinación la obsesión por el futuro. Por saber lo que nos depara, por preverlo, soñarlo, imaginarlo, respetarlo. Por como la gente pierde el sueño pensando en esto.

“¡Debes de pensar a futuro! No te dejes llevar por lo banal”, me decía mi madre desde pequeño. Yo no entendía.

Al mismo tiempo me decían:

“¡Debes aprender de tus errores! Mira lo que hiciste en el pasado para que no los repitas.”

Y por si fuera poco..también solían recordarme:

“Se vive hoy, ¡recuerda! ¡El aquí y el ahora!”

¿De dónde sacar tanta sabiduría para digerir esos mensajes llenos de aristas conceptuales y enfrentados entre sí?

La vida me ha mostrado (abrupta, pero también sabiamente) que la respuesta (a casi todo) es el deporte, y lo que gesta a través de él. Las historias, enseñanzas, lecciones, satisfacciones, triunfos, derrotas. Ejemplos dramáticos, trágicos. Casos de paciencia y triunfo. De riesgo y desenfreno. TODOS con un mensaje que obtener, ajustar y aplicar en el camino que uno está por recorrer.

El deporte es un gozo en la vida. El más grande.

Siempre me ha parecido que el futuro trae consigo una inexorable ilusión, el pasado una intrínseca nostalgia, y el presente una inmediatez que aterroriza y difumina el gozo de lo planeado con tanto tiempo de antelación.

¿Quién no ha esperado -y entrenado- un torneo de golf por mas de 200 días? De pronto llega la competencia y cuando acuerdas ya estás en el hoyo 72 dándote cuenta que has perdido por dos. La vorágine del presente es brutal, por ello, en esta semana, vale la pena echar un vistazo al pasado con el objetivo de cobrar fuerza, de creer y también de ilusionarnos por el futuro, entendiendo que es en el presente donde hay que ejecutar nuestros sueños.

A Roberto le dijeron que las puertas de sus sueños se mantendrían cerradas mucho tiempo, quizás siempre.

Se lo dijeron así los escépticos porque eso marcaba el pasado. ¿Por qué habría de plantearle algo distinto al pequeño Roberto? Los más grandes triunfos estaban reservados para unos cuantos elegidos, seres que nacieron lejos de aquí y que no pertenecían a la misma terna cultural con la que teníamos contacto.

Pero el niño que nació en 1923 ya no se detendría jamás, cuando a los 9 años por primera vez, fungiendo como caddie, tomó un hierro-8 y quedó enamorado de por vida.

Con empeño y humildad, Roberto fue trabajando su swing y también su carácter (habría de necesitarlo para hacerse camino en un deporte elitista en su mayoría).

No fue callado, pero sí reservado, con un carisma especial. Empático con cualquiera, aprendió desde muy joven los valores fundamentales de la vida. Esos que solo se aprenden en casa. Y así creció hasta que, a los 15 años, se hizo profesional. Un swing consistente le permitió ganar torneos profesionales en casi cualquier país que visitó. Alemania, Bélgica, Brasil, Holanda, México, Perú, España, Inglaterra, fueron tierras conquistadas por este loco trotamundos de swing sólido y putt afilado.

Al Ranelagh Golf Club lo llevó siempre en el corazón, pero al Royal Liverpool lo llevó siempre en la mente. Derribó fronteras, abrió puertas, calló bocas y levantó esperanzas ese día domingo venciendo a un tal Jack y a un tal Gary. A pesar de haber pasado los 40 años, un futuro promisorio vendría para él (decían).

Y sí, el futuro trajo sorpresas y más éxitos para la carrera de Roberto, como también decepciones y enseñanzas. El Masters de 1968. Todos conocemos la historia… ¿cierto?

Roberto se coronó en el Open de 1967, en Royal Liverpool, pero fue el reconocimiento de 1970 (Bob Jones Award) el que para mí fue el mas grande de su carrera. Un premio entregado por la USGA y que premia a quien vive y practica el deporte basado en valores. Un grupo muy selecto compone a los ganadores de este premio, aún más que los ganadores de majors.

¿Ven? Por su pasado, Roberto ganó el Bob Jones Award. Por su presente, (ilusión, practica, enfoque) ganó el Open en 1967.

¿Y el futuro? Es para las nuevas generaciones que se inspiran en héroes como éste, creado a las afueras de Buenos Aires.

Mucha suerte a los nuestros.

Abraham, Emiliano, Jhonny, Fabrizio: gracias a Roberto, la puerta está abierta.

It’s… Open.

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