1 º
Jon, Rahm

-20

2 º
Tony, Finau

-16

3 º
Justin, Rose

-15

4 º
Henrik, Stenson

-14

5T º
Patrick, Cantlay

-13

5T º
Rickie, Fowler

-13

7 º
Dustin, Johnson

-12

8T º
Alex, Noren

-11

8T º
Gary, Woodland

-11

8T º
Xander, Schauffele

-11

11 º
Patrick, Reed

-10

12T º
Bryson, DeChambeau

-8

12T º
Bubba, Watson

-8

12T º
Justin, Thomas

-8

15 º
Keegan, Bradley

-6

16 º
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-5

17 º
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-1

18 º
Hideki, Matsuyama

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LAAC

Noticias

Vacaciones Eternas

Enero 24, 2019, 5:10 pm

Por Fernando Garza (@fergarzagolf)

Seré franco: en este texto te hablaré de Tú, Álvaro. Lo haré así no por haber pasado tiempo suficiente contigo o por haber conocido a tu familia y tu entorno desde pequeño, sino que por las maravillosas coincidencias que compartimos en esa aventura llamada vida.

Hoy te quiero compartir una historia, la de unas vacaciones muy especiales. Acá también existe ese ejercicio y jugamos, como buenos mortales, con nuestras posibilidades financieras, de prioridades y de disponibilidad para definir con meses de anticipación dónde invertiremos esos días de descanso que nos da la ley, en mi caso, divina.

No soy hombre de estar ausente dos lunes seguidos en el trabajo (es el día en que nosotros -el comité de bienvenida-, recibimos a los que se nos suman acá y les damos el tour inicial por el campo público en el que jugamos), así que definí con mi jefe que estaría ausente de martes a lunes. Eso me permitiría disfrutar de las rondas de práctica (mis favoritas para ensayar tiros imposibles y relajar mente y cuerpo) y, más importante aún, asegurarme estar presente el día domingo. En los dos años anteriores en donde asistí al torneo, omití llegar a la ronda final por pensar en que era un mero trámite. Pero después del resultado en Panamá y en Santiago de Chile me juré internamente de que no me volvería a pasar. Cábala quizás.

Llegué pues a Casa de Campo después de un largo trayecto (no tanto como el tuyo, claramente) sintiendo una paz inusual desde el primer día. Era mi primera vez en el destino, pues la vez pasada que se jugó ahí yo estaba placenteramente en mi sillón de la Ciudad de México viéndote jugar un golf increíble, pero errando la firma. Recordé con esa anécdota a mi gran amigo Roberto de Vicenzo, quien puso siempre primero la honorabilidad del juego antes de cualquier posibilidad de victoria (quizás el verdadero triunfo fue consagrarse como un ser humano ejemplar).

Es obvio que acá arriba también existen las preocupaciones, los deseos, los miedos y anhelos, pero sin duda alguna se tiene una visión más global de lo que pasa allá abajo, y sobre todo percibo una facilidad para obtener una perspectiva de lo importante y trascendente que tenemos. Yo sentí que, con el llamado, se nos hace más sabios y prácticos.

Cuando toca definir donde vacacionar pienso en familia y en golf, y así las opciones se clarifican. Cuando platico con mi esposa o me comunico con mis hijos, trato de mantenerme como una especie de guía, transmitir paz y confianza, asegurando que todo estará bien, que hay un camino (ni corto ni sencillo) repleto de grandes satisfacciones para cada uno de nosotros. Y que lo importante de las vacaciones es seguir juntos.

En estas vacaciones aproveché para reflexionar sobre algunos temas, ejercicio casi inevitable que llevo a cabo cuando me escapo de la rutina celestial. Álvaro, yo empecé a jugar golf muy joven, parecido a ti. Me enamoré del golf y fui leal toda mi vida. Sólo que yo un poquito más al norte, en mi bello Gómez Palacio, Durango (lo de bello es por la nostalgia y recuerdos, básicamente). Ahí aseguraba escaparme de algunos quehaceres para poder ir a pegar algunas bolitas, y desde muy pequeño me convertí en una pesadilla para mi padre pidiéndole que me agregara en su foursome a una edad que evidentemente no era todavía la correcta para convivir pacientemente, jugar y dejar jugar a los amigos de mi padre (que no siempre eran señores con altos niveles de paciencia).

¡Qué importantes fueron mis padres en mi vida! Quizás sobra decirlo, pero de pronto es catártico soltarlo, recordarlo. Mi padre fue un hombre sabio, visionario, duro y blando a la vez, como la mayoría. Un guía. ¿Mi madre? incondicional, balance, el equilibrio. Una frase la resume: amor a prueba de todo. ¿Te suena familiar? ¿Coincidencia? Somos lo que somos y llegamos donde llegamos por nosotros, por un deseo, por una llama que está dentro de nosotros. Pero el deseo, la llama (sobre todo apagarla) y la tozudez se alimentan del entorno, y en tu caso no fue diferente al mío.

Vi apoyo incondicional de Chela y de Carlos, no sólo desde el miércoles en tu ronda de práctica, ni después en las rondas de juego, sino que en tu vida y carrera entera. ¡Qué orgullo sentí al ver a esos ángeles que Dios te puso como guías, Álvaro! Siempre ahí, a pesar de cualquier cosa. Orgullosos de la familia que han creado, con el corazón hinchado por verles tropezar, levantarse y triunfar, tanto a ti como a tu hermano Carlos.

Vi en los ojos de tu papá, toda la semana, ilusión de niño en Disney, madurez para llevar las circunstancias que me recordaron al Churchill más sabio en tiempos de crisis. Vi en él una especie de liberación por saber que su trabajo lo ha hecho muy bien (inculcar la capacidad para no rendirse NUNCA con sus hijos, algo que en algunas sociedades actuales escasea). Tu papá me recordó al mío. Y me hizo llorar igual.

¿Y qué decirte de mi madre? A la que siempre acudí cuando aparecían las dudas (¡excepto de las caídas en los putts!), la que suavizaba las mareas y la que hacía que disfrutara plenamente el oleaje de la vida. La que veía al bogey como un buen augurio, pues después de ellos “seguro vendrían los birdies y águilas”. Ella, la que más me festejaba los pares de 22 pies. Ahora platico mucho con ellos acá arriba. Es de las cosas que gané con lo que me pasó en abril de 2016. Tú que también la tienes ahí, a quemarropa, gózala. Percibí de Chela un ánimo persistencia y fe que jamás había experimentado. Coincidí con ella brevemente en el campo (pues yo estaba a otra altura) y un par de veces en los restaurantes. Ella deseando que fuera tu momento, que aguantaras, que creyeras. Dedicación TOTAL a tu presente, orgullo por tu pasado y entrega por el futuro que escojas… Álvaro, de eso se trata tu madre.

Iban recién un par de días y ya se veía venir: serían unas vacaciones inolvidables. Esta idea mía se agigantó cuando subieron por ahí algunas fotos del grupo completo de mexicanos que participarían en el torneo, éste que llaman LAAC. No soy mucho de redes sociales (y allá arriba es increíble, aunque falla mucho el WiFi), pero en casos como este suelo revisar algunas cuentas primordialmente de Instagram y empaparme de lo que los jóvenes están viviendo y sintiendo. En mis épocas todo tenía que ver con vernos a los ojos y platicar. No me quejo. Disfruté mucho a todos los que compartieron una ronda conmigo y con los que logramos poner a México en el mapa internacional de competencia en algunos mundiales en los años 50’s y 60’s.

¿No es eso el golf también? ¿Las relaciones que haces, los amigos que generas, los valores que se comparten, y el orgullo por representar a tu país? Claro que lo que vi en el green del 18 el día domingo me confirmó todo esto, Álvaro. Tu triunfo se gestó desde hace muchos años, como todo buen proceso, pero se fortaleció por la gente que caminó a tu lado. Ale, Mario, Luis G, Emilio, Luis, Aaron, Jorge, por mencionar a algunos, pero la lista es larga. Todos aquellos con los que viviste tu carrera como infantil, juvenil y en Arkansas. La hermandad y la capacidad de gozar del éxito ajeno es algo que yo viví en mi época y que creo que, desarrollándolo a nivel país, podemos cambiar la historia de nuestra bella patria. El orgullo que vi en la cara de tus compañeros al verte ganar me quedará grabado siempre, al igual que al país. Me remonté a nuestro quinto lugar en el mundial amateur en Japón, en los años 60’s. ¡No nos la creíamos!

¡Qué orgullo y dicha poder compartir algo así!

¿Y quién formó a esos jugadores para que gozaran de esta manera el triunfo de un compañero en un deporte individual? Sus padres, por supuesto, pero después vienen otros cómplices fundamentales en la ecuación del triunfo.

A mí me tocaron profesores de campo, a prueba y error, de feeling… eran otros tiempos y era otro golf. Pero desde aquella época recuerdo el énfasis en el juego mental. Recuerdo a los profesores que se basaban en los valores de la vida, traducidos al golf. A los que entendían las edades y procesos, que cada quien tiene sus momentos y su swing. Y recuerdo con cariño a uno de ellos, quien siempre me dijo que era más importante el cómo me conducía en el campo y fuera de él, que el mismo score. Lección de vida, Álvaro. Y ese mismo también me desarrolló el instinto de animal, de buscar a mi presa, “oler sangre” y atacar en el momento indicado… evitando de paso errores costosos, pero sin caer en el error mayor de no arriesgar nunca.

Y luego voltee a ver a la estructura de la Federación que te acompañaba y me quede atónito: gente con la intención de generar una estructura que le de viabilidad al crecimiento del deporte en nuestro país a largo plazo. De asegurarse que al jugador se le brinde el apoyo necesario y que así, se forme un grupo que pueda competir en cualquier campo y en cualquier circunstancia. Gente que entrega su vida a un propósito mayor: ver triunfar a los demás. Ah, y por sobre todas las cosas tener un mejor país.

Lo vi en los Jorge’s, en Federico, en toda la Federación. Con Santiago no solo lo vi, lo sentí también. Un hombre entregado a la formación, al triunfo ajeno; a sentir la vida; a la pasión casi desmedida por México. Te lo digo así Álvaro, privilegiado eres de tener un equipo de ese calibre rodeando tu carrera y lo son ellos también por tener a un jugador que lo que engloba todo: trabajo, dedicación, talento, valores. Ser un ejemplo.

Después del 66 del primer día (sensacional golpe de autoridad), todos sabíamos que venía la ronda más difícil de tu vida. El fantasma de repetirla, de no tirar ese score a la basura mientras salías en otro horario y con los demás talentos a la caza de un mexicano, por todo eso me atrevo a decir que fue el punto más estresante de mi vacación. Por un momento, a media jornada, lloré. Las lágrimas que cayeron como lluvia afectaron por igual a los jugadores que pretendían no quedarse atrás. Por la tarde llegó el viento. Ese 72 fue extremadamente trabajado y sólo quien ha pasado por ello entiende lo duro que puede ser. Yo gané más de 60 torneos en mi vida, pero perdí otros 100 quizás. Por uno o dos golpes. El jueguito mental. Orgulloso estuve de ti después de 36 hoyos, pero un pequeño fantasma quedaba en la parte trasera de mi mente.

Moving Day es normalmente uno de tus favoritos, pero el día sábado fue también uno muy duro, de up & downs (como la vida), con un score bajo par y donde tuviste la presión de jugar rápido para apurar tu grupo. Otros jugadores aprovecharon y se pusieron ahí, dispuestos a pelearte el domingo. El sábado yo me fui a la playa, no aguante más. Fue un ejercicio que me ayudó a entender lo pequeño que somos (comparados con la inmensidad del océano) y que debemos disfrutar el aquí y el ahora, pues no tenemos nada más.

Lo que pasó el domingo me rebasó. Era tan obvio que el deseo de TODOS era verte triunfar, que las dudas seguían presentes (¿mantendrá su título como “Mr-Top3”?). El fantasma de Joaquín, de alguien que no fuera en el grupo de honor y anotara una ronda ridículamente baja aún persistía. Pero saliste decidido y tranquilo a la vez. Yo no sé cómo dormiste (¡si yo no pude!), pero te veías relajado, respirando profundamente para atraer paciencia y ritmo a tu swing. Yo solía jalar un poco los putts cuando estaba lleno de nervios, aunque poco a poco lo fui controlando.

El domingo lloré un par de veces, en silencio, al imaginarme que estabas a nueve hoyos de cumplir el sueño de todo un país. Ese par… por Dios. El Par de TU VIDA. Hoyo 9. El momentum no mejoró mucho, fallando el green en el 10 y 11, pero olías sangre y diste una mordida brutal en el hoyo 12 y 13. Jamás viví algo igual. Yo no gané un torneo como lo hiciste tú para que se me invitara a Augusta. Después lo del 17 y 18 fue gozo, llanto, orgullo, incredulidad. Todo mezclado. Una ronda final para el recuerdo.

Al verte abrazarte con tus padres, recordé febrero de 1962. Estábamos en casa y con 26 años me encontraba yo viviendo tiempos felices como jugador amateur (status que siempre mantuve).

“¡Te llegó una carta, nene!”, me gritaron de pronto. Al abrirla, debo admitir que no sabía de lo que se trataba, y que lo único que tenía era confusión. Álvaro, yo había sido un jugador destacado en algunos torneos en Estados Unidos y Mundiales, como ya te platiqué, pero no había ganado el US Amateur o el Amateur Championship, así que una carta firmada por Bobby Jones me dejó muchas dudas. Después de comentarle a mi padre del suceso, decidimos marcar el teléfono que venía en la parte de debajo de dicha carta.

– “Hablamos para saber si una carta que recibí fue por error o no”.

– “No. Efectivamente, usted invitado formalmente al Masters 1962. Lo esperamos”.

Después de sentir la piel de gallina, empezaron los planes. Mi padre tenía una curiosidad natural por descubrir lo desconocido (además de que no había vuelos directos de mi pueblo, ni mucho menos), así que planeamos el viaje en automóvil hasta Augusta, Georgia. Ni siquiera en sueños imaginé pararme ahí, conocer a los fundadores, recorrer The Crow’s Nest, escuchar mi nombre en la tee del 1 y pasar el corte en mi primera participación de The Masters. El campeón de ese año no estuvo mal tampoco (un tal “The King”). Yo solo era un chico que amaba el golf y competir por mi país.

¿Qué hacía yo ahí? La invitación la recibí por mi nivel, ciertamente, pero sobre todo porque Bobby (como ya sabemos, amateur toda su carrera) vio en mí valores que representaban lo que Augusta quería transmitir, valores que iban acorde al juego mismo. Jugué nervioso sí, pero libre, con orgullo e irreverente. Me faltó mi caddie, pero me sentí en mi club, y entendí pronto que de igual manera eran 18 hoyos y que había que meter la cacariza en la menor cantidad de golpes posibles. El sentido de pertenecer fue muy importante para poder demostrar mi nivel en Augusta. El segundo y tercer año no logré pasar el corte, pero algunos regalos por las águilas embocadas hicieron que a mi casa llegaran unos platos conmemorativos que adornaron de manera especial nuestra mesa.

Todo eso recordé el día domingo al verte recibir el trofeo, Álvaro. No quise acercarme porque te vi abrumado y cansado con tanta foto, tanta prensa. De hecho, creo que son momentos que debes gozar con los tuyos, con quien estuviste cerca y con quien dudó de ti también. El triunfo es para todos. Ver que el hecho de asistir al torneo el día domingo (a diferencia de los dos años anteriores) generó un resultado diferente fue un gran alivio para mí.

¡Algo que me enteré durante la premiación y que nos une es que ambos ganamos el Anual del Guadalajara CC! ¡Tú recientemente y yo hace como 60 años! ¡Qué club, por favor! En fin, 55 años después un amateur mexicano volverá al Masters. Nuestro gran Víctor Regalado lo hizo como profesional por última vez en 1979.

No puedo imaginar lo que sientes. ¿O sí? Ansia, incredulidad, angustia, emoción, felicidad. Llora, llora mucho y disfruta cada parte del proceso.

Cuándo regresé a mi cuarto ese mismo día pensaba, ¿qué consejo le debo dar a Álvaro? ¡Yo estuve ahí! En Augusta. Concluí que quizás mi consejo no es necesario, pero siempre fui bastante necio. Yo nunca fui profesional, Álvaro. Sé que tu historia será distinta y me da gusto por ello. Mi consejo se remite a decirte que debes sentir siempre un orgullo muy grande por tu etapa como amateur y por todo lo que la vida te permitió lograr. Humildad, siempre. Siempre. Lo que has viajado, compartido y experimentado como amateur cambiará cuando te vuelvas profesional. El éxito te acompañará, pero el camino tendrá veredas distintas. Siéntete orgulloso (como hasta hoy) de tus padres, tu hermano, tu familia entera, tu coach, tus compañeros, tu federación. Eso es lo que se quedará en tu memoria para siempre y en la nuestra también. Es eso lo que le deberás contar con orgullo a tus hijos: que fuiste alguien que representó de manera decidida a su país.

¿Qué te puedo decir de Augusta? Saca provecho de la invitación al paraíso, compártela con tu gente. En esta vida lo que no se comparte no se goza. Ayuda a un propósito más grande que ahora tienes: hacer este deporte más grande en tu país. Llevarlo a más niños. Tienes esa gran oportunidad y responsabilidad de inspirar a chicos y grandes en que TODO es posible.

El talento y el nivel está para tener una muy buena semana y hacernos soñar un poquito más en abril. Solo una cosa: nunca a la izquierda del green en el 10 (mi hoyo favorito de Augusta) y siempre de dos arriba en el green del 15. Ahí estaré, desde arriba, en algún lugar, rooting for you.

Bienvenido al Club, Álvaro. Al club de los mexicanos participantes del torneo más icónico en el mundo, jugado en Augusta National Golf Club: The Masters.

Créetelo. Perteneces. Está pasando.

 

Con cariño,

Juan Antonio Estrada

El mejor jugador amateur mexicano de todos los tiempos.

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