1 º
Jon, Rahm

-20

2 º
Tony, Finau

-16

3 º
Justin, Rose

-15

4 º
Henrik, Stenson

-14

5T º
Patrick, Cantlay

-13

5T º
Rickie, Fowler

-13

7 º
Dustin, Johnson

-12

8T º
Alex, Noren

-11

8T º
Gary, Woodland

-11

8T º
Xander, Schauffele

-11

11 º
Patrick, Reed

-10

12T º
Bryson, DeChambeau

-8

12T º
Bubba, Watson

-8

12T º
Justin, Thomas

-8

15 º
Keegan, Bradley

-6

16 º
Jason, Day

-5

17 º
Tiger, Woods

-1

18 º
Hideki, Matsuyama

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Votación

Noviembre 6, 2018, 9:57 pm

Por Fernando Garza (@fergarzagolf)

Hoy es día en el que miles de estadounidenses saldrán a votar por la permanencia del régimen, o el término de él (al menos, en el capitolio). Sin duda alguna este martes será un día trascendental para el presente y el futuro del pueblo norteamericano y de las intenciones y planes del presidente Donald Trump. Un revés en las urnas pondría en alerta máxima a un presidente que buscará reelegirse y que buscará conseguirlo por el mismo camino que ha recorrido hasta hoy: la polarización.

Dada esta coyuntura te invito a que, por un momento, y junto conmigo, imaginemos lo que sucedería si algunas políticas y discursos cada vez más presentes en cierto sector del pueblo estadounidense permearan al mundo del deporte que tanto amamos: el golf.

Para iniciar, el PGA Tour se vería comprometido como estructura. Tanto comercial como de recurso humano. Imaginemos, primero, que los campos a los que el Tour visita de pronto ya no estén en condiciones de albergar a los mejores jugadores del orbe. Esto sería catastrófico, pues los jugadores comenzarían a quejarse en sus redes sociales y el problema llegaría rápidamente al público que semana tras semana sintoniza las señales para ver estos torneos.

La caída en el estándar de los campos de golf sería inevitable, pues muchos de los que ahí trabajan son de origen latinoamericano. Si bien las circunstancias de su llegada pudieran generar una discusión larga y acalorada, lo cierto es que generan ganancias jugosas para muchas empresas para las cuales laboran, además de hacerlo de manera honesta y consistente. Ni que decir del hecho de que no hay muchos estadounidenses dispuestos a tomar tales o cuales trabajos, otra causa de la cual no entraremos mucho en detalle.

Ya con el problema encima sobre el estándar y cuidado de los campos de golf, el tour buscaría seguir creciendo quizás fuera de Estados Unidos, como lo ha hecho hasta ahora. Pero de pronto se darían cuenta que toda la gente valiosa (que es bastante) dentro de su estructura corporativa tendría que, en algunos casos, ser reemplazada por su nacionalidad. Así pues, el PGA TOUR Latinoamérica también estaría en problemas.

¿Fuera de las autoridades de “pantalón largo”, ¿imaginan el periplo que tendrían que pasar los jugadores? De nacionalidades tan diversas como México, Argentina, Colombia, Venezuela, Ecuador, Brasil, etc., de pronto entrar y salir de territorio americano podría generar tal desgaste que se decidiría ya no participar más, y sería mejor buscar otras opciones. Importante recordar que en los últimos años dentro del PGA TOUR Latinoamérica han sido los jugadores latinos los que han estado en la cabeza de “Los Cinco”, Orden de Mérito para definir los que ganarán su lugar en el Web.com Tour el siguiente año.

Los patrocinadores, cada vez más globales en los negocios, no verían con buenos ojos que su marca fuera relacionada con una competencia y/o país que no permite la inclusión y participación libre de todos los pueblos del continente. Quizás seguirán algunas empresas patrocinadoras, pero se perderían muchas otras y, sobre todo, la oportunidad de seguir abriendo brecha, abriendo camino en un continente que se considera todavía “virgen” en el aspecto del golf competitivo y con mucho crecimiento por delante.

Sin estructura del tour (o viéndose muy comprometida), sin jugadores, sin patrocinadores, ¿tendría futuro el tour en nuestro continente? Lo encuentro difícil.

Veamos rápidamente el LPGA y el PGA Tour. Noticia importante: los jugadores y jugadoras latinoamericanos se hacen cada vez más presentes en estos tours. De pronto, llegar a Estados Unidos para jugar el US Open podría generar un ambiente de tensión tanto en el aeropuerto (migración) como en el campo de golf (por la presencia de ciertos sectores que segundan este discurso del que hablamos). Las autoridades del tour hacen lo “justo” desalojando a estos pseudo-aficionados, pero el daño es casi irreversible. Los niños, juniors y jugadores en general notan una disección entre las nacionalidades y comienza un deterioro del ambiente en los torneos. Carlos, Roberto, el “Camarón”, Gaby, Julieta, Mariajo, de pronto piensan dos veces el ir a tal o cual torneo. Con la ausencia de Abraham, el publico latino que pensaba asistir a dicho evento, cancela. El interés de más del 55 por ciento de la población en Estados Unidos (de origen latino), decae.

Sí, Jordan, Dustin, Justin, Brooks, Tiger… siguen generando por algunos años un negocio jugoso y rentable. El tour comenzaría a mirar todavía más a Asia y al interior de Estados Unidos buscando que los fields siguieran siendo poderosos y atraer, al menos, al estadounidense común y corriente. Pero de nuevo, el daño ya está hecho: Mayakoba no existiría y probablemente el WGC más divertido que existe (dicho por los mismos jugadores) sería cosa del pasado.

Más de 200 jugadores latinoamericanos están cursando sus carreteras universitarias en Estados Unidos, a la par de representarlas en los torneos de golf colegiales que se llevan a cabo a lo largo de todo el año. La competencia es feroz, y es un sistema que ha demostrado ser fundamental como semillero de grandes estrellas y de la generación de una competencia sana pero brutal entre universidades.

De pronto, María Fassi ya no es de Arkansas, sino que se quedó a estudiar en su natal Pachuca. Los fines de semana viaja a la Ciudad de México para asegurar jugar los torneos colegiales más importantes del país, pero el nivel del equipo de Arkansas disminuyó considerablemente. La historia de Gaby López en la misma universidad no existiría, ni la de la mejor jugadora latina de todos los tiempos: Lorena Ochoa.

La universidad de Arizona tendría una sala de trofeos mucho más pequeña, y una unión su vecino país casi inexistente. North Texas sin Juan Antonio Estrada, Carlos Ortiz o Rodolfo Cazaubón, sería una Universidad “con menos alma”, con menos Masters.

Pero bueno, habría que respetar una política publica y una directriz del gobierno de turno, y así quizás la unión en Latinoamérica se desarrollaría para generar la liga universitaria americana (por el continente, no por el país), y habría que subir el nivel de las universidades en nuestras ciudades (tanto públicas como privadas). También habría que ir a jugar los cuartos de final a Maracaibo, para aterrizar después en Sao Paolo en las semifinales y quizás llevar a cabo la final del continente en el Pilar Golf Club. Estados Unidos tendría como ultimo bastión la Walker Cup y la Ryder Jr, pero toda la competencia latina desaparecería. Un daño para toda una generación que provocaría, bajo mis cálculos, que menos estadounidenses fueran parte del Top 20 del ranking mundial en digamos, 20 años. Peligroso.

Quizás el gran ganador sería el tour europeo. Si bien en Europa también tiene sus temas de política migratoria, sin duda es un continente que arropa mucho más a los profesionales de otros países que llegan buscando ejercer sus talentos y sus carreras. De pronto, la lucha es todavía más feroz para la escuela clasificatoria que se juega en España, y las universidades de Cadiz, Granada, Bilbao, Niza, Bologna y Liverpool, se llenan de talentos mundiales que prometen dominar el golf en los próximos 25 años. Poco a poco, Estados Unidos va perdiendo brillo y más aún cuando los chinos y japoneses se dan cuenta de la nueva tendencia. Ahora se convierte en algo aspiracional cursar tu carrera tanto colegial como profesional en Europa, así como las “Kims” “Lee” y “Wang” apuntan a esos países.

Hay tanta competencia que las autoridades del resto del mundo excluyendo a Estados Unidos logran hacer ligar competitivas mundiales, con bolsas de dinero atractivas auspiciadas por compañías que están en pro de la colaboración mundial. Estados Unidos se ha aislado y pasarán décadas para recuperar lo perdido.

El camino del entendimiento, de la cordialidad (sin llegar a la ilegalidad) y de la construcción de políticas es muy conveniente tanto para Estados Unidos como para el resto de los países latinoamericanos. Sigamos alimentando ese discurso, uno que, de mantenerse en el tiempo, sí provocará mejorar la relación entre pueblos, las familias y la sociedad en general.

Salgan a votar, y a la vez, como latinoamericanos, votemos en nuestros países, exijamos a nuestros líderes, y estemos orgullosos de nuestras raíces.

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